Guía para corazones sin cabeza

En los zapatos del otro                                Prólogo de Macarena T. Vilar

 

Miguel Osa dice no tener cabeza, pero yo creo que no es cierto y si lo es, es sólo porque la ha dejado aquí, para nuestro uso y disfrute. Ponerse en los zapatos del otro es encontrarse en los versos de esta Guía para corazones sin cabeza. ¿Quién no ha necesitado nunca mirarse en el espejo para encontrarse, para dejar de ser la sociable hormiga obrera que, como el resto, sólo sigue un rastro?

 

Leer a Miguel es encontrarte. Encontrarte en un espejo sin marco, sin miedos; en un jardín con las flores en su justa medida, sin florituras; en ese regalo que nadie envolvió y era todo cuanto querías. Es encontrar en nosotros mismos las calles que Miguel Osa ya ha recorrido, las señales en las que reparó y los semáforos en los que él se detuvo para reflexionar y nosotros nos saltamos en rojo, las prisas... Pero en él hasta la M-30 es susceptible de ser lenguaje poético, de formar parte de una imaginería que permite conformar una poesía a veces narrativa, una poesía que circula en escenarios reales, en espacios tan cotidianos como un vagón de metro, de tren o el propio trabajo. Y es que la poesía de Miguel es autobiográfica, sincera, clara, sagaz y, sobre todo, cotidiana. Es una poesía del día a día. Una poesía de sus problemas y de los problemas globales, sociales y hasta gremiales. Que no se olvida Osa de que viene del mundo de la canción de autor y tampoco queda fuera, en este mundo de artistas, de su particular escrutinio. De ellos dirá por ejemplo que deben "saber equilibrar el globo para que no crezca demasiado y luego resulte difícil mantener el vuelo". Escrutinio adulto de mirada infantil y como tal nos interpela, para ahondar en nosotros mismos: "¿Quién fuera niño para jugar sin tantos miramientos?", dirá en otro poema, y así el poeta habla sin tapujos de la vida mientras jugamos al pañuelo; a beso, verdad o atrevimiento o volvemos a la escuela. Aquella escuela en la que sólo se valoraba la inteligencia como la habilidad para resolver problemas, eso te permitía seguir por "el camino de las baldosas amarillas", pero nosotros ya descubrimos la teoría de las múltiples inteligencias y ya incorporamos la inteligencia emocional como materia transversal que guiara nuestros corazones en las libretas y agendas de aquella etapa. Agendas que hoy se llenarían con frases breves que dicen tanto, como "envidiaré a quien te quite el sueño porque se quedará con parte de los míos" o "construí tu mundo al revés porque pusiste el mío patas arriba". Pero en esta obra, el autor no se salta ninguno de sus trayectos y así, tras la adolescencia, habla de las lecciones que fue aprendiendo de veinteañero, mientras se alejaba de ese sendero amarillo para el que no estaba hecho y que más tarde comprobaría que tampoco llevaba a Oz, sino que en muchos casos te obligaba a plantearte la ruta y hasta el destino.

 

Podríamos hablar de una poesía reflexiva y, por ende, es lógico que sea en la prosa poética donde Osa encuentra principalmente el cauce para sus pensamientos. Fuertes pensamientos que dice bajito, como él mismo diría, pero con muchas palabras. Por eso es en este género en el que Miguel encuentra mayor libertad para que circulen sus ideas; aunque no huye de la poesía en verso, ni si quiera de sus estrofas doradas, como nos muestra en "Musas y sonetos", pero siempre sin apretarse el cinturón. Y es que, como él mismo, Guía para corazones sin cabeza es una obra muy personal en la que nada es lo que parecía y no se sigue ningún orden establecido. De hecho, ya desde el inicio el poeta reclama a los lectores su ayuda para que con las piezas de sus propios puzles completen sus vacíos... Y yo de nuevo recuerdo mi infancia -quizá las nuestras- y recuerdo que nadie hace solo el camino, que como ya aprendimos todos tenemos vacíos: al Espantapájaros le faltaba el cerebro, al Hombre de hojalata un corazón, al León el coraje y a la pequeña Dorothy encontrar el camino de vuelta. Pero a ti, querido amigo, no te falta ir a Oz, pues tu libro rezuma luces, sentimientos y valores, como comprobará el lector en cuanto se calce los zapatos de rubí y juegue contigo. Ahora es momento de que el lector te acompañe en el camino de tus palabras y se adentre en el mundo de juegos que nos propones.

 

Sin más preámbulos, golpeen sus zapatos de tacón y sigan las únicas instrucciones:

 

Juguemos

 a ver quién se ríe primero

al espejo,

 

[...]

 

Juguemos

a hacernos felices,

a querernos,

a lo que quieras;

pero juntos.

Juguemos.

 

 

Macarena T. Vilar

 

 

 

 

 

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